Días 5 y 6 (2026) – De El Berrón a Muros del Nalón: fabada, Alfonso II y un castillo frente al río – Etapas 21 y 22 del Camino del Norte
Dos días en uno, porque así ha ido el ritmo de estas jornadas: una etapa corta hasta Oviedo con tiempo para disfrutarla con calma, un día de turismo y partido de España en el mundial, un salto en tren hasta Avilés para reconectar con el Camino del Norte, y una etapa larga hasta Muros del Nalón. Mucho en dos días. Merece contarse bien.
El Berrón a Oviedo: la etapa de los prados y la fabada
La etapa desde El Berrón hasta Oviedo fue corta, sencilla y muy agradable, discurriendo por prados verdes sin grandes complicaciones. El objetivo real de ese día era llegar con tiempo suficiente para disfrutar la ciudad con calma. Y así fue.
En mi cabeza estaba claro lo que quería: un cachopo o una fabada asturiana, acompañados de una botella de sidra bien fría. Gracias a las indicaciones que me dieron en el Escoralín del Peregrino acabé en La Gran Taberna, una sidrería famosa por estar dentro de una casa de más de 300 años. Me pedí el menú del peregrino: primer plato, fabada asturiana; botella de sidra. Fue memorable. Exactamente lo que quería. Lo que vino después también: irme al albergue y dormirme una siesta de dos horas, el aliño perfecto para un día redondo.
Oviedo: el origen de todo
Por la tarde me dediqué a recorrer Oviedo durante hora y media, aprendiendo algo que me fascinó: esta ciudad es, literalmente, el origen del Camino de Santiago.
Todo empieza en el siglo IX. Un ermitaño llamado Pelayo descubre en el bosque de Libredón, en el noroeste de la península, lo que parecen ser los restos del apóstol Santiago. El obispo Teodomiro de Iria Flavia viaja hasta Oviedo, capital del Reino de Asturias, para comunicárselo al rey. Y el rey, Alfonso II el Casto, decide ir personalmente a comprobarlo. Parte desde Oviedo, recorre los 320 km que le separan de lo que hoy es Santiago de Compostela, y se convierte así en el primer peregrino de la historia del Camino. El recorrido que siguió, atravesando los valles interiores de Asturias, es el que hoy conocemos como el Camino Primitivo. Una vez allí, Alfonso II ordenó construir la primera iglesia sobre la tumba del apóstol, el germen de lo que dos siglos después se convertiría en la Catedral de Santiago de Compostela.
Oviedo conserva además la Cámara Santa, la capilla del palacio de Alfonso II donde se custodian reliquias traídas de Tierra Santa, entre ellas el famoso Santo Sudario. Fue durante siglos el segundo centro de peregrinación más importante de España, solo por detrás de Santiago. De ahí venía aquella canción medieval francesa que decía: «Quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y deja al Señor.» Conocer todo esto caminando por la ciudad, con la catedral delante, fue uno de esos momentos del viaje que te recolocan las cosas.
También tuve tiempo de entrar al Museo de Bellas Artes, aunque fuera por poco tiempo, y admirar obras de Goya, Sorolla y El Greco. No está mal para una tarde de peregrino.
Manuel, la despedida y el partido de España
Paseando por el centro me crucé con Manuel, el peregrino madrileño con quien había coincidido en Valdediós. Estuvimos un rato caminando juntos y acabamos en un bar, tomando un refresco y teniendo una de esas conversaciones tranquilas y honestas que da el Camino. Una despedida sin grandes aspavientos, de esas que probablemente sean definitivas. El Camino junta y separa, y a veces uno sabe cuándo es la última vez.
La guinda del día llegó por la noche: partido de España contra Austria en el Mundial, en un bar muy familiar frente al albergue. Con eso, el día quedó redondo.
El tren a Avilés y la reconexión con el Norte
A la mañana siguiente, muy temprano, tomé el tren de Cercanías C3 desde Oviedo Llamaquique hasta Avilés. Mi variante por el Camino Primitivo para dormir en Valdediós había sido una decisión que no me arrepiento en absoluto, pero implicaba este pequeño salto logístico para retomar el Camino del Norte desde donde lo había dejado. Unos 39 minutos de tren y listo.
Avilés a Muros del Nalón: asfalto, bosques y un castillo con historia
La etapa desde Avilés hasta Muros del Nalón tuvo demasiado asfalto para mi gusto, aunque estuvo compensada por tramos de bosque muy interesantes y, sobre todo, por el regalo visual de la zona de Soto del Barco y su castillo.
El Castillo de San Martín se levanta en la margen derecha del río Nalón, sobre un promontorio de apenas 40 metros de altitud, en el punto exacto donde el río hace un pronunciado codo antes de abrirse hacia la ría de San Esteban de Pravia. Ese emplazamiento no es casual: desde ahí se domina visualmente toda la desembocadura del río más importante de la región, y esa ha sido siempre su razón de ser. Sus orígenes se remontan a la Edad del Hierro, alrededor del siglo VII antes de Cristo, aunque la fortaleza que conocemos hoy fue construida o remodelada por Alfonso III, el mismo rey que mandó levantar el Conventín de Valdediós, precisamente para proteger la costa de las incursiones normandas. Durante la Edad Media fue plaza fuerte en múltiples disputas nobiliarias y centro del territorio hasta la fundación de la Puebla de Pravia. Hoy es de propiedad privada, pero verlo desde fuera, con sus 16 almenas y el Nalón abriéndose al fondo, es suficiente recompensa.
El albergue Casa Carmina y los nuevos compañeros
Llegué temprano a Muros del Nalón y me alojé en el Albergue Casa Carmina, gestionado por sus dueñas. Un lugar con historia y con alma: era el antiguo ultramarinos del pueblo, fundado por Carmina, la abuela de la actual propietaria. Hoy lo llevan ella junto a su madre, la hija de Carmina. De esos sitios en los que se nota el cariño en el resultado.
Allí conocí a nuevos compañeros de camino: Abraham, un granadino que viene caminando desde Irún; Alfonso, un asturiano que lleva apenas dos días andando; y Jasmine, que está haciendo el Camino completo. Buena gente y buena energía, de esa que a veces decide cosas importantes.
Cierre
Y aquí la cosa del Camino: yo tenía reservado alojamiento en Soto de Luiña para mañana, pero la energía del grupo y el plan de dormir en el Albergue de Playa del Silencio, junto al mar en Castañeras, me ha hecho cancelarlo. Sin duda pinta muy especial. Con ese cambio, mi última etapa hacia el autobús de vuelta a Bilbao queda también ajustada, más corta y más tranquila. A veces el Camino toma las decisiones por ti, y lo mejor es dejarse llevar.











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