Día 1 (2026) – Llanes a Ribadesella: domingo de pueblos cerrados, pago honesto y un río de recuerdos — Etapa 17 del Camino del Norte
Empiezo mi fase de 2026 justo donde la deje el año pasado: Llanes. Hoy tocaba Etapa 17 del Camino del Norte completo, 32 km hasta Ribadesella, sin grandes desniveles pero con suficiente asfalto y horas de sol como para que al final del dia los pies empezaran a quejarse. Y, como suele pasar en este Camino, el dia tuvo de todo: hambre, belleza, gente simpatica y algun edificio que te deja con la boca abierta.
El domingo que cerro Asturias
Sali con un plan sencillo: encontrar un bar pronto, tomarme un cafe y comerme una barrita para arrancar bien las primeras dos horas. Pues nada. Domingo y Asturias rural decidieron que no. Cruzo seis pueblos y nada abierto, hasta bastante despues del Palacio de los Condes de la Vega del Sella. Menos mal que llevaba pistachos, barritas y agua encima, porque si no la mañana se complica. Apunte para el futuro: los domingos en esta zona, mejor llevar provisiones desde el albergue.
El pago honesto
Y entonces aparecio una de esas cosas que hacen que ame este Camino. En mitad de la nada, alguien (o un grupo de alguien) ha montado un puestecito de «sistema de pago honesto»: dulces caseros y ecologicos, de platano, chocolate, tarta de limon, con los precios puestos a la vista y la caja para que dejes el dinero tu mismo, sin nadie que vigile. Confianza pura. Me lleve dos trozos de tarta, claro. No podia no hacerlo.
El Camino entre playas, islotes y casas indianas
El recorrido ha tenido tramos preciosos. Pase por Poo y su playa, muy bonita, con vistas a la Isla de Poo (o Almenada). Mas adelante, otra postal: el Castro de San Martin, un islote pequeño que corta la respiracion un segundo. De fondo, todo el rato, el Cantabrico a la derecha, aunque solo lo tuve a la vista la mitad del trayecto, intercalado con sendas de asfalto y bastante sombra entre Celorio, Barro, Villahormes y Toriello.
Tambien me he encontrado, en alguna casa y villa suelta, con ese estilo indiano que ya vi en la ultima etapa de mi fase de 2025, subiendo hacia Colombres, no en abundancia, pero lo suficiente para reconocerlo. Y hoy el bueno ha sido el Palacio de los Condes de la Vega del Sella: no se podia entrar, pero solo desde fuera ya era un espectaculo. Me lo imagino por dentro y debe ser una maravilla.
La parada en Nueva (y la playa que no tenia chiringuito)
Antes de eso, en la Playa de San Antolin, contaba con que hubiera algun chiringuito abierto para parar a comer algo. Tampoco. Asi que aguante hasta Nueva, donde por fin pude sentarme con una empanada asturiana que me supo a gloria. Desde ahi, ya con energia, decidi coger ritmo y tirar el resto de la etapa con menos pausas, cruzando el rio de San Cecilio y, ya en Cuerres, un puente medieval sobre el rio Guadamia que tiene su historia a sus espaldas, antes de llegar a Toriello y enfilar ya hacia el destino de hoy.
Peregrinos de paso
Hoy no estaba especialmente sociable, la verdad, pero aun asi me cruce con cinco o seis peregrinos de varias nacionalidades, todos muy simpaticos. Tengo la sensacion de que nos volveremos a encontrar en los proximos dias, y con suerte habra alguna conversacion interesante por el camino.
Llanes, la noche anterior
Antes de cerrar, quiero rebobinar a ayer en Llanes, porque merece su espacio. El alojamiento me encanto, aunque mi habitacion era bastante cutre, pero un lujo para mi igualmente. Tuve una buena charla con Pedro, el director del albergue, que me recomendo cenar en la sidreria-bar Matute. Acierto total: sitio muy local, el dueño serio y poco amable, pero yo feliz tomandome unas rabas frente al puerto pesquero.
Pedro tambien me regalo una ruta alternativa de 45 minutos por Llanes que no conocia: empezando en el Paseo de San Pedro, subiendo al Mirador de San Pedro (con los Cubos de la Memoria de fondo, esos colores), bajando por la Playa del Sablon y volviendo al centro historico. Un paseo precioso para cerrar el dia.
Cierre
Ribadesella es, sobre todo, conocida por su famoso descenso del rio Sella en canoa, y llegar hoy caminando hasta aqui me ha traido recuerdos que no esperaba que me asaltaran en mitad de una etapa. De adolescente vine con mis padres, mis hermanos y la familia Mora Figueroa, junto con nuestras amigas Marta, Ana y Carla, e hicimos el descenso todos juntos, entre risas y remos torcidos. Años despues volvi con mi mujer, tambien a bajar el Sella, y lo pasamos igual de bien.
Hay dias de Camino que te enseñan algo sin que te des cuenta, y otros que simplemente te devuelven a quien fuiste. Hoy ha sido un poco de las dos cosas: un domingo de puertas cerradas y estomago vacio, una caja de dulces sin nadie vigilando que confia en que la gente hara lo correcto, y un rio que ya conocia de otras vidas mias, antes de que el Camino existiera para mi. Quizas esa es la leccion que me llevo de Ribadesella: que algunos lugares no se descubren, se reencuentran.
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